Me fui... y volví. Noto que sólo estoy en frente de la computadora cuando me agarran estos ataques. Cuando no quiero verme ni en figuritas de álbum de los '80. Cuando no quiero que me vean. Salir es arriesgarme a que noten que no soy lo que ven, que soy la mierda que veo reflejada en el espejo aunque los días normales no la vean los demás.
Y entonces me refugio en la tranquilidad de la pantalla, o de un disco como Pablo Honey. Busco Leaves of Grass y me dejo ir. Me entrego a la sensación de que todo sí está perdido, que soy un asco, una porquería y siempre lo voy a ser, aunque de pronto me logre convencer por dos o tres días de que todo está bien.
Y evito cualquier cruce con extraños y conocidos, con amigos, enemigos o el borracho de la esquina. Tengo horror de pasar por los lugares que suelo frecuentar. Me da vergüenza, más exactamente. De ayer a hoy no cambié mucho, supongo. Pero me veo completamente distinta. ¿Y si alguien se da cuenta?
Y mi compañera de siempre en estos pagos, el hambre que me mata, me tortura lentamente, y que mantengo como recordatorio de que si salí así, jodida, me la tengo que bancar. No es que me sirva para algo, mi cuerpo hace tiempo dejó de responder a lo que entra y a lo que sale, y se regula solo, como independiente de cualquier cosa que pueda hacer yo. A veces pienso que una parte de mi confabula para no dejarme ser.
I'm screwed. I'm definitely screwed..